Desbloquear un PDF

Un archivo que no se deja imprimir, o que pide una contraseña que tienes. Son dos bloqueos distintos, y solo uno se abre sin saber nada: la página dice claramente cuál es cuál.

Dos bloqueos distintos comparten un nombre. Un archivo que se abre y solo prohíbe imprimir o copiar se libera aquí en un segundo: esa prohibición vive del honor del programa que lo lee, y el texto está abierto igualmente. Un archivo que pide contraseña para abrirse está cifrado: sin esa contraseña no se puede hacer nada con él, ni aquí ni en ningún sitio. No adivinamos contraseñas.

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    El archivo y la contraseña se quedan en este navegador: no se sube nada.

    También con PDF: Proteger un PDF con contraseña · Editor de PDF · Unir PDF · Comprimir PDF

    Cómo usarlo

    1. Elige un PDF: se lee en tu navegador, no se sube a ninguna parte.
    2. La página te dice qué bloqueo encontró: restricciones, contraseña o nada.
    3. Escribe la contraseña si hace falta, pulsa el botón y descarga el archivo libre.

    Lo que conviene saber

    Dos cerraduras bajo una misma palabra

    Un PDF admite dos contraseñas distintas. La del propietario no cierra el archivo: solo marca que imprimir, copiar o editar no están permitidos, y esa marca solo se sostiene en los programas que deciden respetarla; el texto está abierto todo el tiempo. La del usuario es cifrado de verdad: sin ella el archivo es ruido. A las dos se las llama «protección», y por eso la mitad de quienes buscan desbloquear un PDF quieren algo posible y la otra mitad, algo imposible.

    Lo imposible, y lo decimos antes de que subas nada

    Una contraseña que no conoces no se puede quitar. No es «difícil»: no se puede. El contenido está cifrado con una clave derivada de esa contraseña; no hay nada que despegar. Cualquier sitio que prometa lo contrario o está probando contraseñas contra tu documento o miente. Nosotros no hacemos ninguna de las dos cosas, y la página lo dice antes de elegir el archivo, no después.

    Por dónde pasa el archivo

    Hay dos maneras de quitar el cifrado y la primera es mejor: elimina el diccionario de cifrado y conserva todo lo demás, incluidos los campos de formulario rellenables. No funciona con todos los archivos: algunos vuelven igual de cerrados, en silencio, que es el peor final posible. Por eso el resultado siempre se vuelve a abrir sin contraseña como comprobación, y solo se entrega el archivo que de verdad se abre. Cuando la primera vía falla, las páginas se trasladan a un documento nuevo: eso funciona siempre y pierde los campos de formulario. La página lo avisa, pero solo si había campos que perder.

    Preguntas frecuentes

    ¿Se sube mi archivo?

    No. El documento se lee y se rearma dentro de tu navegador, y la contraseña que escribes no sale de esta página.

    ¿Podéis recuperar una contraseña olvidada?

    No, y nadie puede. Un archivo cerrado con contraseña de usuario está cifrado; solo queda adivinar, y eso ni lo hacemos ni lo ofrecemos.

    El archivo se abre pero no me deja imprimir. ¿Se arregla?

    Sí, en un segundo. Ese es el caso de la contraseña de propietario: la restricción es una nota que los lectores pueden respetar, y quitarla no requiere contraseña alguna.

    ¿Se pierde algo?

    Páginas, texto, imágenes, tamaños y giros sobreviven. Los campos rellenables sobreviven casi siempre y se pierden cuando el archivo necesita el camino largo; la página lo indica. El título y el autor se pierden en ambos casos: los metadatos cifrados no vuelven.

    ¿Es legal quitar las restricciones?

    Depende del documento y del país. La herramienta es para archivos que tienes derecho a usar: tus escaneos, tus informes, un formulario que te enviaron para rellenar. No es una vía para saltarse los derechos de otros.

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